Es una de las decisiones que más dudas genera al empezar una reforma. Te explicamos la diferencia para que elijas con criterio.
Presupuesto cerrado
Se fija un precio total antes de empezar la obra. Sabes exactamente cuánto vas a pagar, siempre que no cambies de idea a mitad de proyecto. Es la opción más tranquila si ya tienes claro qué quieres.
Trabajar por administración
Se factura por materiales y horas realmente empleados, con un margen de gestión. Da más flexibilidad para decidir sobre la marcha, pero el coste final es menos predecible desde el principio.
¿Cuál conviene?
Si el proyecto está muy definido, el presupuesto cerrado da tranquilidad. Si todavía estás decidiendo detalles importantes, trabajar por administración evita tener que recalcular todo el presupuesto cada vez que cambias algo.
Una tercera opción: por partidas
Muchas reformas se hacen con un presupuesto cerrado en lo estructural (fontanería, electricidad, alicatado) y más flexible en detalles de acabado, combinando lo mejor de ambos mundos.
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